domingo, 1 de noviembre de 2009

Un buen domingo

El fin de semana pasado me lamentaba que ya estaba cerca el domingo y una de las clásicas tristezas dominicales me iba a atacar. Este domingo es diferente.
Después de beber mucho en algún lugar de Miraflores, vuelvo a casa pensando que estaría bueno hacer eso que he evitado hacer durante muchos años por una desmotivación fuertemente posicionada en el tema salud. Ahora tengo ganas de hacerlo, me convencieron.
La larga lista de personas que lo han intentado sin éxito, de alguna manera lo consiguieron a partir de un muchachito que cree soy Natalio Ruiz.
Hay la posibilidad de un viaje. Me llevo a mi muchachito.
Vamos a graficarlo así: Imaginen un ejército de mariposas violeta haciendo figuras en el cielo, es un día bastante iluminado sin ser abrasador, corre una brisita suave y el camino es verde, todo transmite tranquilidad sin ser aburrido. Los árboles se ríen o al menos eso parece cuando las ramas se dan una contra otra. Se siente un río cerca pero gracias al complejo B si hay bicharrajos no me importa. Y debajo del árbol y cerca al río, el buen muchachito va mostrando retazos de su ánimo, de sus afectos y de lo que piensa. Toca convencerlo que nadie es perfecto, pero tiene que recordar que hemos hecho un trato. Y un pacto entre dos caballeros es algo eterno.
Lo único dulce y veloz que tendremos cerca es ver pasar el tiempo y curar heridas comunales, traernos a nuestro lugar en el mundo a las que nos faltan, la hermana mayor, nuestra querida acidita y al pequeño muffin.
Y tratar de ser felices pero con real entusiasmo.
La familia extensiva, la familia que no necesita llevar ni mi sangre ni ninguno de mis apellidos es la familia que yo elijo. Y yo las elegí a ellas.

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