
Quisiera ser uno de esos cheffs prestigiosos que van por el mundo comiendo cosas ricas (y algunas veces les toca algunas no tan ricas), para hablar con autoridad de la ensalada que me tocó hoy almorzar. El lugar rrrrregio por donde lo miren. La única nota de color era yo en todo el recinto. Nuestras vecinas de mesa hablaban en francés, para que no se les entienda un carajo de lo que decían supongo; porque cuando se despidieron lo hicieron en perfecto castellano. En fin, prácticas regias imagino.
Llegó la carta, en la que por muy rrrrregio que era el lugar, tuvieron la osadía de escribir como componente de uno de los platos: Jamón cerrano. Todo lo cholo les debe dar tanto asquito que asumo sentirán que se verá mejor escrito con "c" que con "s". O capaz que es de la cierra de algún otro lugar y yo pensando mal... no sé.
En fin, ¿todo esto será porque pedí justo la ensalada que tenía el jamón cerrano?, tal vez. De esa linda carta escogí la ensalada "Le gourmet" (ah... por eso las vecinas hablaban en francés, seguro que almorzaron lo mismo). Estaba en la disyuntiva de pedir una César o esta famosa "Le gourmet", como mis instintos no siempre están apuntando al satélite correcto pedí la segunda en cuestión, en lugar de ir a un tiro fijo como era la César. Craso error.
No tardaron mucho, el plato era tamaño fuente pero re-planito, así que en realidad no se ganaba mucho en contenido. Me llamó la atención todo el glaseado que tenía, estuve a punto de aclarar que había pedido una ensalada nada más, no una ensalada con decoración de torta; pero tenía cara de pocos amigos y mucho apuro la señorita que nos atendió.
Así que ante los "Hum... se ve buenaza..." y otros calificativos hacia la ensalada (aclaro, para que no vayan a creer que los calificativos eran para la señorita) me animé a probar. Un sabor extraño cubrió mi paladar. Nótese la fineza de mi comentario para no tener que escribir: "Sentí un sabor espantosamente amargo en mi boca".
Resulta que entre las lechugas había unas hojas de algo parecido a las hojas de geranio. Nunca he comido geranio pero asumo que sabe parecido. Pensé que era achicoria; pero las chicas pronunciaron un nombre que por mi primera vez oía, pedí que sea identificada y la orillé al plato. Tanta amargura en el mundo y yo me iba a comer eso, ¡minga!.
El queso estaba rico, pero tres fetitas no salvan el plato. La lechuga estaba fresca, pero toda cubierta de ese glaseado terrorista. La pera glaseada estaba buena, pero en lugar de postre, no de contenido de la ensalada. Y el azúcar derretida cubría todo el plato, mi subconciente, mi ánimo, mi alegría al comer, mi conversación y los tres minutos que me tomó terminar dichosa ensalada. El jamón cerrano fue escaso, pero rico. Lo mejor del plato.
El plato también era de un tono de blanco muy bonito, los cubiertos grandes y... ¿y?, y lo rico debe ser la comida, no la ambientación, las vecinas regias y demás accesorios.
Un lomo saltado de formas extrañas (El arroz venía en forma de pirámide egipcia, las papitas todas arremolinadas como en un tetris, pero se veía con una consistencia bastante decente) hubiera sido una mejor elección, de hecho fue sugerida por la persona que me invitó; pero yo en un momento de necedad absurda pensando: "Debo comer verduras y frutas, tienen que subir mis defensas. Debo comer verduras y..." me obligué a comer una ensalada.
Llegó el momento en que tuve que expresar mi opinión: "Eso me pasa por querer comer sano, ¡me lo merezco!"
En mi sentido de culpa imperaba la necesidad de afirmar que soy una chatarrera de cuerpo y alma. Amo la comida. Amo comer. A mí la comida sana me hace daño, altera mi nivel porqueriológico natural. Esa fue la ensalada más horrible del mundo y es indudable. Prefiero la ensalada de carretilla que vendía la tía "Muerte lenta" afuera de San Marcos como acompañamiento del higadito. Si me pongo nivel B, prefiero la ensalada de KFC millones de veces antes que una "Le gourmet".

Fue una experiencia inolvidable. Lo lamento porque quienes con todo el amor del mundo me invitaron a almorzar. Al fin y al cabo, fuí reivindicada con un poderoso sandwich de jamón, queso y pollo. Un "tostado" polentudo en todo el márgen del Río de la Plata. Un "triple" en Perú. Y una fiesta en mi boca, cuando por fin me pude quitar el sabor del geranio.