jueves, 24 de diciembre de 2009

Artesanos de ilusiones


Como decía ayer, este año el niño Dios ha abusado bastantito del aguante de mi billetera en cuanto a regalos propios. Creo que es una de las épocas en que más me he regalado y quiero creer que es porque lo merezco. Me regalé:
- La entrada para ir a ver a Metallica en zona M (la más linda, la más mejor y rogando no morir aplastada por 5,999 neanthertales eufóricos)
- La entrada para ir a ver a Beyoncé, esa sí en zona vip y sentadita. Quiero babear con total comodidad.
- ¡Una caja de herramientas!, lesbiana de buena cepa, no me sentía digna hasta tener una. Tiene 160 hermosas piezas que posiblemente el 50% no use nunca, pero es MI caja de herramientas y me encanta.
- Ropa linda, me declaro fanática de Pierre Cardin.
- Un títere de mano que es una rana ABSOLUTAMENTE hermosa. Podré jugar a que soy Jim Henson con René.
- Un mandil de cocina simulando una radiografía. Mu lindo.
- Un peluche del diablo!!! por lo general detesto los peluches, pero este era tan simpático que hasta el niño Dios opinó lo mismo y me lo compré.
Y lo más importante, en la feria La21única de Barranco encontré unos artesanos que hacían marionetas. Obviamente, desde que me puse a revisar las fotos que mostraban los artículos en venta en la feria, fue lo que más llamó mi atención. Cuando llegué a su puesto, me detuve a observarlo todo. Tenían unas marionetas grandes de "El gordo y el flaco", una de Pinocho impresionante también, la de Pinocho costaba cien soles y la de la pareja de humoristas, creo ciento cincuenta; nada que pudiese pagar en ese momento considerando todos los gastos previos. Así que me puse a mirar las más chiquitas.
Un mago pequeñito me miraba, todo blanco él con su capa negra y su varita en la mano era muy atractivo como para no quererlo; pero también contaban con una serie de "negritas", muy parecidas a las clásicas imágenes que en los cincuentas creo hacían de los afrodescendientes (hablemos con propiedad) norteamericanos. Esos que salen en la película "Bamboozled"
Me enamoré de una de ellas. Mi negrita tiene un vestidito negro de lunares blancos. El cabello en trenzas y una sonrisa linda. Sus piernitas son unas cuentas redondas. La he probado ya en casa y baila bastante bien. Lo interesante del asunto es que cuando me decidí por ella se la pedí a la señora que atendía el negocio, ella la bajó, era la segunda de derecha a izquierda en una larga fila de marionetas y la sostuvo para mí durante unos minutos:
- Sí, esa es la que quiero.
- Te la estoy mostrando (Con carita de "Te la estoy mostrando para que te enamores de ella")
- La quiero por favor.
- Ya te la envuelvo, un ratito.
Con toda el cariño del mundo tomó a mi negrita, acarició sus cuerdas, le pasó los dedos por el cabello y alisó su vestido, le dijo: "Chau negrita" y pasó a explicarme que ellos mismos hacen las marionetas y les cuesta despedirse. Espero que la mirada que devolví le transmitiera que yo la iba a cuidar y querer mucho, que su negrita llegaba a alguien que ama tanto los juguetes como ella.
Obviamente todo este pasaje me enterneció tanto que la han convertido en mi juguete más preciado de estas navidades.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

martes, 8 de diciembre de 2009

Un poco decepcionada

Lo que se supone que debería ser un día feliz no entiendo como se pudo volver un poco mierdosito. En fin, no viene al caso pensar en las varias situaciones que me pusieron de mal humor. Pensemos en lo que me animará:
1) Contar unos quince días a partir de mañana. Cuando el contrato que tengo del adelanto para el departamento se convierta en el contrato de compra-venta final y el departamento sea mío (bueno, mientras tanto del banco pero a mediano plazo mío). Mudarme, comprar algunas cosas para mi sobrevivencia básica y pensar: Mejor sola que acompañada por gente que ya no siento cercana (tal vez nunca lo fue, que se yo, se que nostalgio pero haré un nudito en mi nostalgia y la guardaré por ahí a la espera que se pierda).
2) Ya que no puedo tener mascota, comprarme un robot que al menos se alegrará de verme porque le pongo pilas.
3) Decorar de la manera más inesperada mi lugar de vivienda. Tengo las ideas, solo falta comprar, imprimir y conseguir el resto.
4) Bajarme todas las recetas que pueda de Internet. Quiero cocinar.
5) Leer todos los libros que me he comprado en esta Feria del Libro.
6) Tomarme solita la foto con mi pipa.
7) ¿Ya dije regalarme el robot?
Y creo que por ahora eso. Que no es poco ¿eh?

sábado, 5 de diciembre de 2009

Los músicos ambulantes



Anoche re-estrenaron "Los músicos ambulantes" en casa Yuyachkani, como saben (y los que no saben dense por enterados) es la última puesta de una serie de presentaciones con varias de las obras clásicas de los Yuyach. Clara llegó tarde a la cita y Regis por poco y no llega. Los tickets en mi bolsillo se impacientaron tanto como yo cuando cabía la posibilidad que nos cierren la sala y se quedara sin ver la obra; pero llegó.
Eran casi las ocho de la noche y el poco público en la puerta, entre las bancas y el comedor me asustaba un poquito. Pensé: "Es "Los músicos"... esto YA debería estar lleno". Y aunque estuvo lleno el teatro muchos llegaron tarde, otros querían entrar con comida (ja!) y el público joven, entusiasta, alguna gringería, gente de mi edad y yo, todos sin imaginar lo que estabamos a punto de ver. Nos acomodamos en nuestros asientos y comenzó a ladrar un perro.
No voy a contarles la obra, porque básicamente escribo esto para decirles: Vayan.
Vayan, porque si tienen hijos, sobrinos o ahijados es vital que los chicos disfruten esa oportunidad que se presenta ahora de conocer la música de nuestras diferentes regiones a través de gente mágica como son los Yuyachkani. Yo debo haber tenido menos de veinte años la primera vez que la ví y me lamento por haberlos descubierto tarde. Dénle la oportunidad a los chicos, estoy segurísima que no lo olvidarán nunca.
Vayan, porque si tienen novia, novio, esposo, esposa, amante, encontrón o encontronazo, es un lindo espacio para compartir algo más. Es morirse de risa, es querer a los personajes, es vernos reflejados en lo que muchos de nosotros, migrantes o hijos de migrantes - como somos la mayoría - hemos vivido o nos han contado.
Vayan, porque aunque adultos, rescatar espacios que nos hacen ver con ojos de chicos las historias vale muchísimo la pena.
Vayan, porque la casa Yuyach sigue tan linda como siempre, ahora el cafetín tiene esperando unos brownies buenazos, sanguchitos por si les provoca algo antes de ver la obra y un café bienhechor a precios escandalosamente cómodos. Incluso venden afiches, bolsos y otros recuerditos.
Vayan, porque en la entrada se pueden apreciar las máscaras que estos artesanos han querido compartir con nosotros.
Vayan, porque aunque todos estamos más grandes, hay más canas en nuestro cabello, somos proporcionalmente más abrazables que hace veinte años (me incluyo totalmente), la dinámica es la misma, los personajes están ahí para nosotros en sus saltos, piruetas y talento.
Vayan, porque musicalmente es un viaje fascinante. La música de entonces ahora.
Vayan.
Vayan.
Vayan y avisen a otros, lleven a sus amigos. Yo lleve a casi toda las personas que quería y se dejaron llevar.
Y todavía me falta una visita más.
Vayan porque son los Yuyach.
En serio, vayan.