
Que me gustan las obras del colectivo teatral Yuyachkani no es novedad. Si sigo férrea en la opinión que aprendí más de sociología con "Los músicos ambulantes" que en inútiles clases en la facultad, eso lo tengo muy claro. Sin embargo, la obra "Con-cierto olvido" es un gancho a la razón, a la memoria colectiva, a nuestros referentes. Me atrevo a decir, que es como salir a airear nuestros conceptos de identidad.
Yo creo que la música es un buen pie para explicar y sensibilizar respecto a qué significa ser peruanos. Las canciones en quechua, Augusto Casafranca que se hace amable, una sale de las obras queriendo más a ese hombre (porque más si es posible, lo descubro cada que lo veo), las Rally, ese contrapunto de voces casi al principio de la obra, Teresa que podría reconocer su voz entre muchas diferentes. Rebeca, pequeñita y con tanta potencia en ese son cubano.
Las Correa, Violeta remueve ese pasado andino que todos tenemos y no me sorprende como saltan lágrimas cuando la oigo cantar. Ana, con su claun contestario, con su alegría, con su cabello girando. Julián Vargas y el dinamismo en sus canciones, Amiel Cayo y su violín.
La música es historia aparte. Tantos referentes, el "Corazón", todas todas las canciones interpretadas en quechua, el sonido de los animales y el como nos meten en un ambiente natural en el tránsito donde te sacan el corazón y nos vuelven a la vida.
Los caminos de la vida, no son lo que yo esperaba.
Aplaudir de pie. Sentir que el alma nunca te la devolvieron sino se queda en esas tablas. Ahí, con ellos.
