sábado, 28 de noviembre de 2009

Guardando libros

Sábado en la mañana y conversando con madre, nos pareció buena idea - ya que van a pintar su departamento - que me ponga a guardar mis libros.
Trapito en mano, uno a uno van pasando muchos de los libros de mi infancia. Los cuentos que leía desesperadamente en las navidades, aguantando el sueño y el momento de la sorpresa para ver qué es lo que me tocaba ese año. Y pensar que todas las ilusiones de madre apuntaban a la muñeca de turno o al jueguito de cocina que se le antojó ese año para mí; cuando era lo que menos me hacia brillar los ojitos. Yo esperaba los libros.
Recuerdo la estrategia armada en una navidad que extrañamente no me dormí. Además de hacerme sentir culpa por no haberme dormido y precisando que Papa Noel al no poder bajar por estar yo despierta, había dejado mis regalos en el closet de la abuela. Subí corriendo a grandes trancos las escaleras y ahí estaban mis cuentos de clásicos en edición española. Quise leer todo esa noche, me tomó varios días. Ahora mientras los guardaba recordé ese pasaje.
Recuerdo que había un cuento, que habla de la Caja de Pandora, me infundía un terror terrorífico en mi chiquititud. Mostraba monstruos azules y otros bicharrajos que por lo bien dibujados que estaban me paralizaban, pasaron varios años hasta que lo leí completo. Autoburlándome de mi cobardía.
Cuando estaba en el jardín, me recuerdo llevando un libro enorme azul "La lechuza que quiso ver el sol", con dibujos fabulosos y muy envidiados por mis compañeritos. Edición española también. Madre escribió mi nombre en el y recuerdo lo que me gustó entonces y lo que me gusta aun que lo he revisado.
Toda la serie de cuentos rusos que la menor de las hermanas de madre, entonces estudiante de periodismo, influenciada por la politiquería de la época, me compró. Tengo Tolstoi y muchos autores desconocidos, los dibujos también son muy lindos y recuerdo mi fascinación de entonces por los nombres como Vadia, Vladimir, Kolia y demases.
"La casita bonita" sobrevivió bastante bien a las termitas.
Otros no tuvieron tanta suerte, igual se vienen conmigo al departamento que compraré.
Viviré físicamente sola, pero rodeada de mis queridos libros. Tal vez de un pez, al que le leeré mucho.

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