Hay ocasiones en las que el cuerpo toma decisiones sumamente cuestionables. Hasta hace unos años, si alguien me preguntaba hubiera dicho que mi plato favorito es el pollo con champignones que sacaba Maggi creo, o sea, comida de sobre. Yo freía ligeramente el pollo y compraba hermosos y grandes champignones en Metro o Plaza Vea, los adjuntaba al contenido del sobrecito y voilá! era EL PLATO. Recuerdo a Lalo casi dilapidando media olla de tan maravilloso potaje.
Luego Maggi dejó de hacer esa variedad de polvos mágicos y yo viajé y bla bla bla.
De vuelta al país, estando en La Oroya, no se me ocurrió mejor cosa que pedir en un restaurante una suerte de anticuchos que en lugar de corazón de vaca traía champignones (no recuerdo ahora como se le dice a eso, que viene además con trozos de cebolla y qué se yo de cosas incrustadas en el palito). Para hacer breve el cuento, casi me muero.
Los champignones del mal salieron de mi cuerpo y de manera intempestiva-asquerosa durante dos días. El trabajo que yo debía hacer casi se me fue a la mierda por lo mal que me puse. Nunca me atendieron en el Hospital de La Oroya, terminé calmadamente mi testamento y a punta de Gatorade, el alma en vilo y el buen chofer que tenía por el proyecto, sobreviví.
Anoche, en los previos a la reunión culturosa con invitadas especiales y después de haber conseguido unas humildes (por no decirle precarias y mal aspectosas) copias de nuestros juegos favoritos, feliz yo porque desde las primeras reuniones culturosas no había vuelto a jugar ni Pictionary ni Scrabble, es decir, la noche prometía y mucho. No se nos ocurrió mejor cosa que ir a comer Pizza al Domino's del mal.
Una full meat, con pequeños trozos de champignon, olía rico, se veía rico, no era ni mucho ni poco (aunque más tirando a poco), había Coca Cola. La noche seguía sonriendo. Hermana y yo cenamos. Luego de compras a Metro, vinito de ley, agua saborizada para la "peti", snacks naturalones para todas, los juegos por estrenar en una bolsa, "Nerds" para mi muchachito. Todo era perfecto.
Llegaron las que faltaban, sacamos los vinitos, no olvidaron los puchos, guitarra en mano y tocando bajito para que no se den cuenta que no sé tocar guitarra pero que me encanta sacar melodías. Y ocurrió lo que no debía ocurrir.
Una extraña combustión me sacudió el cuerpo, intuí que los champignones no necesitaban estar en mí. Guitarra suavemente en la cama, pararme lo más decentemente posible. Ingreso al baño. Con el espejo de ojo que hay traté de mirarme fijo. En mi frente un espantoso sudor frío.
No voy a entrar en detalles asquerosos, que podría hacerlo, pero no lo haré.
La cuestión resumiendo es que al salir me dolía desde la boca del estómago, la traquea y demás partes involucradas. Necesitaba mi cama y sentirme morir dignamente.
Fue por demás notorio, salí medio temblorosa y sudando como pollo congelado recién expuesto, a la voz de: "Me voy, embárcame", me fuí.
Y me perdí la noche, después de recibir acusaciones de fundamentalista por haber preferido irme con las lesbianas a con mis amigos heteros, que era el plan original. La buena Clara me acompañó hasta el taxi y contra su voluntad me subí a ese Tico maligno.
En realidad el maligno no era el Tico sino el chofer.
Que me lleve de Barranco a Los Olivos por veinte soles me pareció bien, admito que así me hubiera dicho el doble me hubiera subido porque me sentía morir. Fuí muriendo lo más dignamente posible la mitad del camino. En la vía expresa se me ocurrió mirar al señor a través del espejo retrovisor. Oh sorpresa ¡el chofer estaba dormido!
Del susto me sobresenté de lo despatarrada que iba, con todas las ventanas abiertas del taxi para no marearme y continuar labor de devolución en el taxi. No me sentía con fuerzas ni para decirle: "Señor ¡DESPIERTE! ¡NOS MATAMOS!" así que me puse a pensar: "Bueno, esta es la prueba, si sobrevivo a este taxista dormido, sobrevivo y bien por mí".
No lo desperté en ningún momento. Abrí mucho los ojos para tener una buena perspectiva cuando choquemos. Quería ver las luces de otro auto saltándonos encima. Ahora que lo escribo, caigo en cuenta que pudimos matar a alguien y no necesariamente matarnos nosotros. En fin, me sentía tan hecha puré en ese momento que no racionalicé.
Como ven no nos matamos, el auto iba en zig zag y sacudiéndose cada tanto, cada sacudón despertaba a mi buen taxista y abría los ojitos como el oriental más puro. Con un centímetro en cada ojo sobrevivimos. Al llegar a casa le dije: "Señor, descanse por favor, está prácticamente dormido". Me dijo que sí, que lo haría, que un poco más allá se estacionaría y dormiría. Si lo hizo o no, no lo sé. Veré los noticieros por si lo reconozco más tarde.
Luego de repetir lo que me pasó en el departamento de mi amiga, dormí como un bebé toda la noche. Hoy mi prioridad al despertar es hacer todo lo que no había hecho anoche: Cosechar, volver a sembrar, atender a mis peces, servir platos y cocinar otros. Soy adicta a los juegos de facebook ¿y qué?
Lo que sé, es que me perdí a las mujeres que quiero, que esperar que sea fin de semana para pasar más tiempo con ellas se fue al cuerno. No pude estrenar los juegos. Las ví tan poco que esta vez me supo más que otros días a "no es suficiente". La maldición acusadora de Karin acerca de mi fundamentalismo se hizo efectiva a través de unos fucking champignones.
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