viernes, 6 de noviembre de 2009

La garúa y la nostalgia

El viaje a la oficina diario nunca pudo estar mejor acompañado. Bajo el asiento y la gran luna rota del transporte público, la garúa vino acompañándome todo el trayecto.
Probablemente a cualquier otra persona le hubiese molestado, yo me llevo bien con el tiempo en la ciudad que no entiende de estaciones y se pone a tono con el ánimo de las personas. Y es que en Lima somos nostálgicos, extrañamos los tiempos buenos y si somos felices extrañamos lo malo. Con aquello de Francois y "La felicidad nunca aquí..."tiene lógica.
Sé que extraño y no puedo decirlo.
Y no debo.
Extraño un ancla (según Kioskerman)
Me autocensuro, espero, observo, calculo, extiendo los brazos.
Respiro hondo.
Y la garúa salvadora me da directo en el rostro, el aire no tan frío como en invierno me acaricia simulando las manos de mujer que me espera.
Y cuando llegue ella o llegue yo y nos preguntemos: ¿Dónde estabas y por qué tardaste tanto?, ojalá haya garúa suficiente para que no importe la respuesta y de la mano comencemos nuestro viaje.

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