lunes, 23 de febrero de 2009

Toshi

Vamos a probar hasta que me acostumbre a este mini teclado, parece de juguete la mierdita esta, será cuestión de acostumbrarse. El tamaño de uno de mis dedos es medio teclado así que ya me acostumbraré.
(Más tarde) Me costara acostumbrarme a este tecladito, pero ya se verá.
(Más tarde aún) Van avanzando las horas y este tecladito me hace escribir las cosas dos veces, por lo chiquito. Es el equivalente a susurrar pero en escrito.
Bien, ahí vamos.
Para llegar a Toshi viajé a recoger a Rolando a Cusco, mi centro de operaciones es Sicuani así que me significaba un viaje de dos horas y media aproximadamente. Esto en el “Zorro”, servicio de transporte público de pasajeros que es un bus, digamos, mediano. Tomé mi ”Zorro” e iba contenta porque podría tomar algunas fotos en el camino y aprovechar admirar el paisaje.
El paisaje fue perfecto hasta Combapata, donde mi silente compañero de viaje (el ideal) se bajó y a cambio obtuve un perfecto borracho. Me di cuenta cuando el olorcete a borracho inundó mi amado espacio, volteo y me doy con un tipo como de mi edad que bromeaba con el cobrador diciéndole que no tenía para su pasaje: “Eureka – pensé – tendrá que bajarse”. Lamentablemente sí tenía y lo tuve que aguantar todo el viaje.
Lo tuve que aguantar es la palabra exacta, el 80% del viaje lo tuve dormido arrimado a mí, que asco, primero porque era hombre y segundo porque estaba borracho. Bueno, no es que una borracha fuese más tolerable, lo que me molesta es el olor a alcohol; pero me quedaba el consuelo que fuese mujer; pero ni eso. Puagh!.
Más de un par de veces lo zamaquié, uno de mis empujones fue tan fuerte que su gorra salió volando y ni con eso el borracho. Un espanto total. Luego condenada a mi suerte y sin otro lugar donde cambiarme, decidí que mientras no me babeara tendría que llevarlo casi en la espalda.
Lo curioso es que terminé enterándome su historia personal y fue de lo más divertido, el tipo tenía una vida miserable. Escrito así suena cruel, pero ya verán a que me refiero:
(Sonido bagre de ringtone de celular)
“Alo, mamita, mamita… no se donde estoy (pregunta a vecinos de viaje, le dicen) me he pasado mamita…me he pasado mamita… he tomado un poco mamá… si, me he pasado… ya, ya, estoy lejos… ¿tú me vas a recoger?, pero… ya, ya, sí mamá, perdóname… ahí me bajo, antes, antes, ya. Ya, chau chau mamita”
Como queda claro, el tarado ni sabía donde iba porque se terminó bajando en Cusco en el último paradero. En fin, así yo hubiese sabido donde iba no le hubiera avisado, uno porque no conozco los lugares y dos, que se cague, por borracho. Pobre su madre la verdad.
Bueno, lo más divertido fue la segunda llamada:
(Segundo ringtone, pero igual de bagre en el celular)
“Alo… no, ya estoy lejos. Me voy, me voy y nunca más voy a regresar. Cuídamelo a mi hija, cuídamelo a mi hija por favor. Gracias por todo, gracias (inicio de llanto desconsolado). Nunca he llorado, nunca he llorado… ahora… ¿para qué?, tú nunca me vas a querer, nunca me vas a querer (entre lamento mexicano) me voy porque nadie me quiere. Me voy lejos, nunca voy a regresar, me da pena dejar mi casa (sorbida de mocos).
Ya veré que haré, dormiré en la calle, no tendré que comer… ¡tú no me quieres! (imitando a Thalia en cualquiera de las novelas que protagonizó), mi hija no me quiere… lejos me voy… ¿Hijita?, adiós hijita… pásame con tu mamá”
El borracho había sido una manipuladora cualquiera, primero, que se iba porque la mujer no lo quería y ni la hija lo quería, luego cuando le pasan a la hija para que le llore un poco supongo, pide nada más con la mamá. Admito que en esos momentos mi cabeza girada hacia la ventana no era para admirar el paisaje, sino para contener la risa. Imagínense todo ese diálogo en voz de borracho. Lo siento, habrá sido su historia personal pero a mí me sonó a programa cómico.
Además, el borracho no estaba mal vestido, tenía un buen celular y todo. O sea, que falta de recursos no era. En su perspectiva de “moda” estaba a la moda digámoslo así. Ahora, yo no creo que se estuviera yendo a ningún lado, porque salvo el celular y tres soles que andaba morreando, no tenía nada encima; una mochila o una maleta que indicase un viaje corto por lo menos. Ése pata de borracho estaba diciendo todo eso, nada más.
Al borracho luego la madre lo empezó a monitorear, supongo que la familia agradecida que no haya tomado un carro que vaya más lejos, si subió en Combapata, lo más seguro es que su destino real sea uno de los pueblos de más allá; pero terminó en Cusco.
Volviendo a Toshi.
Me encontré con Rolando después de espera en el aeropuerto. Me dejó en la agencia donde salen unas mini van hacia Sicuani, obviamente, no podía volver en el “Zorro” porque se me escarapela el cuerpo de tener que viajar así, teniendo que oír historias ajenas y departiendo excesivamente con el pueblo.
Tengo bastante con los olores y demás que vivo a diario en el bus, como para utilizar mi día libre en eso precisamente.
Con Toshi en casa – en el hotel en realidad pero que ya me está resultando amenamente familiar – la desempaqué, me escandalice con lo pequeñita que es; pero a estas alturas ya estoy escribiendo más de corrido. Al menos el borracho me ha servido de entrenamiento por lo menos.
Bienvenida Toshi querida, bienvenida chata.

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