martes, 27 de enero de 2009

Bienvenida de ambiente

Cuando dicen que las lesbianas y los gays estamos en todos lados, es porque efectivamente estamos en TODOS LADOS. Aunque vamos a empezar por el principio. El viaje a Cusco bastante agradable, lindas las azafatas que nos tocaron. Observé por un momento con horror a un grupito de azafatas, muy modositas pero mayores de cincuenta años y con cara de culete, que se acercaban temerariamente hacia nuestra sala de embarque: “Empezáramos…” pensé. Afortunadamente pasaron de largo y un mini grupito de jóvenes azafatas, todas muy guapas, son las que se hicieron cargo de nuestro vuelo. Empezamos bien.
El vuelo bastante agradable, de hecho “la previa” fue bastante divertida. Margarita contando historias de su rechazada condición de “gringa” y Lázaro y yo partidos de risa. Sometiéndola al escarnio popular. Menos mal que entendió que nos reíamos con ella y no de ella.
Bastantes estragos en mi autoestima causó el gorrito que usaba para proteger mi cabeza ya llegados a Cusco. Así que estuvimos pares en cuanto a las burlas. Resulta que en realidad dicho gorrito es una cuellera (sorry Annabelle, yo me la quedé) y claro, al ser de la negra es bastante chiquito. A mi marotita le queda como un adorno y fue el divertimento de la noche, objetivo de las fotografías de Lázaro que supe esquivar. Por supuesto que a mí no me despeina que se me vea graciosa, lo más importante es que gracias a eso no me dio soroche (apunamiento) ni bien llegando. Hasta ahora, lo único que siento es la cabeza un poco pesada, pero en general la llevo bien.
Ahora, lo que da título a este post. Luego que Rolo fuera por nosotros al aeropuerto de Cusco. Ah! Antes que lo olvide… sí olvidé traer algo Lucía, la maleta hecha con dos días de anticipación no sirvió de nada. Olvidé mis dos camperas. Así que esperaré a que me paguen para comprarme una. Retomando, cuando ya estábamos en viaje a Sicuani, que será nuestra “base operativa” para este trabajo, viajábamos en una suerte de mini van, muy linda, muy moderna pero sin espacio para nada. Así que íbamos apretados como sardinas.
En fin, viajando en la mini van, Rolo y Margarita en amena conversación, Lázaro en condiciones infrahumanas porque llevaba su maleta en las piernas. Yo observando el paisaje. En eso, diviso unos colores que me llamaron la atención, pensé: “Reflejo de los vidrios de la mini van”. Sin embargo, los colores me llamaban tanto la atención que no les quité la mirada de encima. ¿Saben qué era?, un poderoso arco iris. Hermoso, nunca vi cosa tan linda. Me entró una emocioncita en el pecho que sólo atiné a señalarlo para que lo vean también los compañeros.
Los chicos más hábiles que yo empezaron a bombardear (me incluyo) el arco iris hasta que salga medianamente bien. Yo creo que salió en las fotos; pero nunca comparable con la belleza de verlo ahí, enorme, encendido, dándonos la bienvenida.
La verdad, a mí no se me había ocurrido pensarlo, sólo admiraba una maravilla de la madre naturaleza y Rolo suelta una frase que me hizo caer en cuenta por qué le quiero tanto: “La comunidad te da la bienvenida!” en clara alusión a los colores de la bandera gay claro. Hasta ahora no hay reportes de la presencia de otras lesbianas o de gays en la zona. Es una comunidad muy tradicional así que deben estar bien encaletados; pero no dudo que alguno o alguna veré. O nos reconoceremos; pero Cusco, particularmente Quispicanchis (que aquí es donde fue visualizado), fueron los encargados de hacerme sentir como en casa.
(Prometo luego colgar las fotos)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Yo no sé los gays, pero los enanitos tienen un sexto sentido que los hace reconocerse entre ellos! jajajajajajajaja... gulp! no es cierto...
sólo rompía el hielo!

muy chispa tu blog, me gusta lleno de monitos (así decimos en México a los personajes de las tiras)
También soy fan de Blondie (Lorenzo y Pepita) y claro, Quino, Tute, en fin...

: )