jueves, 5 de marzo de 2009

¡Toshi no está en venta!

Pero yo digo, bueno, es cierto. No es muy frecuente ver laptops como Toshi en los lugares a los que estamos llegando con el bus, pero recién en Tinta un al parecer abogado se enamoró de ella. Como cuy mágico me ha dejado de tarea buscar info adicional, tengo que entrar a cada municipio e indagar por algunos datos; pues resulta que entré a la muni de Tinta y juguetito en mano (convengamos que Toshi a veces parece de juguete) me dispuse a tomar algunos datos que me facilitaría la secretaria del alcalde.
La primera en satisfacer su curiosidad fue la misma secre, que preguntó por precio y funciones de mi pequeña. Expliqué amablemente precio, cosas con las que vino y toda orgullosa estuve un buen rato absolviendo consultas. Hasta que el abogado no pudo más y largó como cosa de nada: “Véndamela”, asumo que mi cara de espanto le habrá dado idea de la barbaridad que me estaba pidiendo. Ni él era Robert Redford (estaba años luz, aún con lo hecho pelota que está actualmente RR), ni yo Woody Harrelson (porque tengo más cabello), ni Toshi Demi Moore (Toshi es más linda, claro), pero me sonó a propuesta indecente. Ni a la mujer, ni a la guitarra ni a la laptop se les puede prestar ni mucho menos vender.
Le dije escuetamente que no puedo venderla y agradezco al cielo que no preguntó “¿Por qué?”, porque iba a pasar por recontra freak si hacía explícito que me enamoré de ella desde que la vi en la revista virtual de Saga, que a pesar que cuy me promocionaba otras laptops yo la quería a ella y nada más que a ella, aunque era algo más costosa que las otras, aunque me dolerá el bolsillo por mucho tiempo; pero eso fue amor a primera vista. Amor del sincero, del real, del que empieza como platónico y se concreta.
Bueno, admito que sí sueno como recontra freak por estar enamorada de mi mini laptop jajaja. A lo hecho ¡pecho!, esta bien, me hago cargo y me doy cuenta que estoy un poco loca; pero al menos la laptop no me va a salir con nada extraño ni me va a hacer sufrir, así que es entendible que esté más enamorada de ella que de cualquier mujer en este momento.
En fin, más o menos le dije al tipo que se podía ir a la… Lima, que ahí es donde las venden y demás; pero que no la vendía, no, no, no. Si se habrá visto tamaña insolencia… hum.

domingo, 1 de marzo de 2009

Días raros

Bueno, entre la lluvia, mi cuy mágico que me contagió la gripe, lo lastimada que tengo la nariz, hoy que no tuvimos internet en el bus, lo poco que podemos hablar, la voz de Felipe, el cumple de mi hermano ayer y que no lo debe haber pasado tan bien porque no salieron sus planes y todo, todo, son días raros.
Ella tiene razón, siempre me resfrio en estos trabajos. Tengo las defensas a la miseria.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Toshi y Naruto


Parecen los personajes de algún manga ¿verdad?, pues no, me refiero a mi laptop y su original medio de transporte. Su primera salida a la calle oficial fue a Pomacanchi con breve estadía en San Pedro, que es el siguiente distrito que nos toca en el recorrido del bus. Sin embargo, cuando viajábamos de Pomacanchi a San Pedro nos atrapó una poderosa lluvia que me hizo temer por Toshi. Así que a la usanza de las mujeres andinas que se cuelgan a la espalda a los hijos, bueno, salvo por el mantón en el que envuelven a los niños, hice lo mismo con Toshi. La arropé bien en el bolso Puma que me compró la negrita para ella antes que existiera, me la metí debajo de la casaca (parecía el personaje que hace la presentación de “Alegría” del Cirque du Soleil) pero nada importaba, sólo que ella estuviese a salvo.
Caminamos bajo esa lluvia tempestuosa al paradero. Hacia un frío de mierda y admito que ni las señoras llevan con tantas precauciones a sus hijos. En fin, llegamos a Sicuani, la dejé en el hotel y salí a buscar algo en que transportarla en adelante, que sea agradable, confortable y sobre todo seguro para ella. Que la proteja del frío, de la lluvia y de la gente.
En mente tenia desde que se me ocurrió comprar una laptop mini, que quería una cosa tipo cartuchera grande donde pueda viajar cómodamente y además que sea hermético, algo así como el estuche de mi cámara fotográfica pero como para la laptop. Si existe o no, no lo sé; pero era casi seguro que no lo iba a conseguir en Sicuani.
Caminé todo el centro, visité cada tienda de artículos de cómputo que hay (cuatro) y cada bazar (dos) de la ciudad y no encontré nada que se acomode a lo que tenía en mente. Hasta que entré a una librería chica, donde Floricienta desde un tono rosa púber me sonreía y se presentaba en forma de lonchera escolar, como el perfecto transporte para Toshi. Admito que en dos segundos de debilidad me pasó por la cabeza comprarla. Luego me dije: “Floricienta, no por Dios, seria demasiado. Con eso si, seguro que me sacan del gremio de lesbianas. Ni a una marica se le cruzaría por la mente”
Pensado esto, salí rauda de la librería chica, por temor a que mi afán de transportarla me haga comprar la lonchera en cuestión. Unos pasos más allá me encontré con una librería grande, hermosa, donde los cuadernos Norma y otros productos coloridos me llamaron la atención. Lo primero que hice fue preguntar por algo más o menos así: “Necesito transportar algo tamaño cuaderno, que sea hermético y pequeño, como un cartapacio o algo así”. No tenían. Resignada pregunté por las loncheras y ahí estaban, en lo más alto del local. Me miraban sonrientes las princesas de Disney en rosa, los personajes de Hi5 en verde feo, un niño que no sabía quién era en azul, Winnie Pooh en naranja y Mickey Mouse en un amarillo espanto.
Horror, cada posibilidad era mas terrorífica que la otra. Y así lo hice saber, no dejaba de pronunciar “Que horror, que horror” ante el asombro del agradable petisito que me atendía (ciertamente, mi gaydar me hizo acercarme primero a él, luego cuando oí su dulzona y amable voz confirmé que era puto), me miraba extrañado. Claro, no tengo pinta de madre que va a comprar la lonchera del hijo, tal vez de padre pero… igual, no tenía sentido mi cara de espanto ante ese escenario, así que le conté: “En realidad estoy buscando en que transportar una laptop chiquitita…”, me miró entre la compasión que se siente por una hermana lesbiana escogiendo una mariconada, su diligencia como vendedor y la risa.
Escogí a Mickey, estaba con un dedo en la boca y como avergonzado. Me gusta Mickey Mouse pero ¡era demasiado!, así que como encima era amarillo espanto me retracté y pedí la lonchera azul, le pregunté qué personaje era ese a mi amable colega y respondió: “Naruto, es un dibujo que está de moda. Un guerrero”. Pensé que no estaba tan mal, el típico dibujito de peleadores chinos de ojos grandes. Entonces sería Naruto.
Mis problemas no estaban del todo resueltos, la lonchera era del largo perfecto de Toshi (lo saqué al ojo) pero iba a ser muy ancha para ella, así que tenía que buscar con que rellenar esos espacios y generar algo que amortigüe, por el movimiento en que la tengo cuando viajo de un sitio a otro. El chico me recomendó algo que no recuerdo como me dijo que se llamaba pero en Argentina le dicen goma eva, es un material plástico, casi como el material del que están hechos los pad sobre los que ponemos el mouse. Bueno, terminé comprando una plancha de eso y recorté cuadrados para la base, el medio y la parte más alta de Toshi. Está super protegida ahora.
Hoy temprano, de vuelta en San Pedro, pasé el papelón que los chicos vieran en qué estoy transportando a mi chiquita; pero no importa. Lo importante es que ella esté cómoda y segura. Al margen de lo mucho que cuestiona mi lesbianismo militante su medio de transporte.

lunes, 23 de febrero de 2009

Toshi

Vamos a probar hasta que me acostumbre a este mini teclado, parece de juguete la mierdita esta, será cuestión de acostumbrarse. El tamaño de uno de mis dedos es medio teclado así que ya me acostumbraré.
(Más tarde) Me costara acostumbrarme a este tecladito, pero ya se verá.
(Más tarde aún) Van avanzando las horas y este tecladito me hace escribir las cosas dos veces, por lo chiquito. Es el equivalente a susurrar pero en escrito.
Bien, ahí vamos.
Para llegar a Toshi viajé a recoger a Rolando a Cusco, mi centro de operaciones es Sicuani así que me significaba un viaje de dos horas y media aproximadamente. Esto en el “Zorro”, servicio de transporte público de pasajeros que es un bus, digamos, mediano. Tomé mi ”Zorro” e iba contenta porque podría tomar algunas fotos en el camino y aprovechar admirar el paisaje.
El paisaje fue perfecto hasta Combapata, donde mi silente compañero de viaje (el ideal) se bajó y a cambio obtuve un perfecto borracho. Me di cuenta cuando el olorcete a borracho inundó mi amado espacio, volteo y me doy con un tipo como de mi edad que bromeaba con el cobrador diciéndole que no tenía para su pasaje: “Eureka – pensé – tendrá que bajarse”. Lamentablemente sí tenía y lo tuve que aguantar todo el viaje.
Lo tuve que aguantar es la palabra exacta, el 80% del viaje lo tuve dormido arrimado a mí, que asco, primero porque era hombre y segundo porque estaba borracho. Bueno, no es que una borracha fuese más tolerable, lo que me molesta es el olor a alcohol; pero me quedaba el consuelo que fuese mujer; pero ni eso. Puagh!.
Más de un par de veces lo zamaquié, uno de mis empujones fue tan fuerte que su gorra salió volando y ni con eso el borracho. Un espanto total. Luego condenada a mi suerte y sin otro lugar donde cambiarme, decidí que mientras no me babeara tendría que llevarlo casi en la espalda.
Lo curioso es que terminé enterándome su historia personal y fue de lo más divertido, el tipo tenía una vida miserable. Escrito así suena cruel, pero ya verán a que me refiero:
(Sonido bagre de ringtone de celular)
“Alo, mamita, mamita… no se donde estoy (pregunta a vecinos de viaje, le dicen) me he pasado mamita…me he pasado mamita… he tomado un poco mamá… si, me he pasado… ya, ya, estoy lejos… ¿tú me vas a recoger?, pero… ya, ya, sí mamá, perdóname… ahí me bajo, antes, antes, ya. Ya, chau chau mamita”
Como queda claro, el tarado ni sabía donde iba porque se terminó bajando en Cusco en el último paradero. En fin, así yo hubiese sabido donde iba no le hubiera avisado, uno porque no conozco los lugares y dos, que se cague, por borracho. Pobre su madre la verdad.
Bueno, lo más divertido fue la segunda llamada:
(Segundo ringtone, pero igual de bagre en el celular)
“Alo… no, ya estoy lejos. Me voy, me voy y nunca más voy a regresar. Cuídamelo a mi hija, cuídamelo a mi hija por favor. Gracias por todo, gracias (inicio de llanto desconsolado). Nunca he llorado, nunca he llorado… ahora… ¿para qué?, tú nunca me vas a querer, nunca me vas a querer (entre lamento mexicano) me voy porque nadie me quiere. Me voy lejos, nunca voy a regresar, me da pena dejar mi casa (sorbida de mocos).
Ya veré que haré, dormiré en la calle, no tendré que comer… ¡tú no me quieres! (imitando a Thalia en cualquiera de las novelas que protagonizó), mi hija no me quiere… lejos me voy… ¿Hijita?, adiós hijita… pásame con tu mamá”
El borracho había sido una manipuladora cualquiera, primero, que se iba porque la mujer no lo quería y ni la hija lo quería, luego cuando le pasan a la hija para que le llore un poco supongo, pide nada más con la mamá. Admito que en esos momentos mi cabeza girada hacia la ventana no era para admirar el paisaje, sino para contener la risa. Imagínense todo ese diálogo en voz de borracho. Lo siento, habrá sido su historia personal pero a mí me sonó a programa cómico.
Además, el borracho no estaba mal vestido, tenía un buen celular y todo. O sea, que falta de recursos no era. En su perspectiva de “moda” estaba a la moda digámoslo así. Ahora, yo no creo que se estuviera yendo a ningún lado, porque salvo el celular y tres soles que andaba morreando, no tenía nada encima; una mochila o una maleta que indicase un viaje corto por lo menos. Ése pata de borracho estaba diciendo todo eso, nada más.
Al borracho luego la madre lo empezó a monitorear, supongo que la familia agradecida que no haya tomado un carro que vaya más lejos, si subió en Combapata, lo más seguro es que su destino real sea uno de los pueblos de más allá; pero terminó en Cusco.
Volviendo a Toshi.
Me encontré con Rolando después de espera en el aeropuerto. Me dejó en la agencia donde salen unas mini van hacia Sicuani, obviamente, no podía volver en el “Zorro” porque se me escarapela el cuerpo de tener que viajar así, teniendo que oír historias ajenas y departiendo excesivamente con el pueblo.
Tengo bastante con los olores y demás que vivo a diario en el bus, como para utilizar mi día libre en eso precisamente.
Con Toshi en casa – en el hotel en realidad pero que ya me está resultando amenamente familiar – la desempaqué, me escandalice con lo pequeñita que es; pero a estas alturas ya estoy escribiendo más de corrido. Al menos el borracho me ha servido de entrenamiento por lo menos.
Bienvenida Toshi querida, bienvenida chata.

sábado, 21 de febrero de 2009

Bienvenida Toshi

¿Qué quién es Toshi?, ¿será una nueva mujer en la vida de la Eve?, pues nueva si es, pero no es exactamente una mujer, es una laptop!!!. Toshi llega a mí gracias al gentil auspicio del cuy mágico que presta plata, otrora conocido como mi amigo imaginario, Rolando.

Así es, llega mañana a Sicuani. La ahora popular Toshi es una Toshiba SP2801, de esas laptops pequeñitas pero que tienen todas las funciones menos el Office instalado (me acabo de enterar) y lugar para cd; pero por ejemplo vino con una impresora y un mouse de regalo jajaja.

Bien, si bebiera me iría por una chela ahorita mismo. Mañana la tendré en mis manitas, la deseaba, la quería, la soñé hace mucho tiempo. Y ahora será mía!!!! (la laptop claro, si el afecto también lo vendiesen en Saga y se pudiera pagar con tarjeta, ya me hubiese procurado uno)

De por qué creo que yo hubiese sido un buen padre

Creo que a mis 35 años, una de las cosas que definitivamente me quedó como materia pendiente es el tema de la paternidad. Tengo por ahí la fuerte convicción que hubiese sido un buen padre.
¿Y por qué no digo que hubiese sido una buena madre?, no lo sé. Sale así. Desde las bromas con Annabelle, con dos de nuestros “hijos”, uno canino y uno felino (en realidad me hago cargo del felino, el canino fue de anterior padre pero yo lo terminé de criar) y mis primeras voluntades de ser “padre” empezaron con ella, aunque desde siempre lo he pensado en ese género y no tiene por qué cambiar ahora.
Realmente, me hubiese gustado en su momento adoptar un chico con Annabelle, creo que el mundo de posibilidades que hubiésemos tenido para él o para ella (ella quería un Facundo y yo una Sofía), sería infinito. Annabelle sería una buena madre y de hecho, aún tiene la posibilidad. Espero que su novia le convenza de hacerlo. Lo hará muy bien.
Cuando conocí a la mujer a la que ligué mis afectos recientemente, me entusiasmé hasta la locura cuando supe que tenía niños y no pocos. “Por fin”, pensé, mis ansias de ser padre se verían realizadas, por fin forraría cuadernos, me darían dolores de cabeza por los gastos del colegio, acudiría a presentaciones escolares y me quedaría cuidándolos en las noches si se enfermaban. “Por fin” pensé. Han pasado muchos meses y estoy cada vez más lejos de hacer la mitad de alguna de las cosas que soñaba. Siendo realista, nada de lo que soñaba con esos niños pasará nunca.
Suspiro.
Es que no basta con las ganas, que un niño o una niña no se crían fácil, por más adoración que sienta por niños ajenos, nunca serán directamente “mis” niños y eso no lo puedo cambiar. Tema aparte es que me siento absolutamente capaz de criar a un chico sola, pero no me termino de animar. Además, no sé como viene la mano con las leyes aquí, no sé si siendo lesbiana me dejarían adoptar sola. Lo dudo mucho y más.
Sin embargo, como las posibilidades nunca están cerradas del todo. El tiempo me compensa no dándome hijos pero sí una ahijada. Mi eterno reclamo que ninguna amiga o familiar cercano me nombró nunca como madrina por fin se vio subsanado. Claro, bajo el esquema tradicional de que las madrinas tienen que tener plata, jamás me iban a escoger (digo, el resto de mortales), porque Lucía me escogió.
Bueno, no me escogió a mí exactamente, soy parte de un “combo” de madrinas que pronto nos haremos cargo de Luciana, hija de Lucía, que pasará a ser parte de nuestras vidas en muy corto tiempo, apenas yo vuelva a Lima y las cuatro coordinemos agendas y horarios lo será. No es que seamos ejecutivas ni mucho menos, pero la nena no sé si fue suerte o qué fue, pero le tocó: Una madrina estadística y docente universitaria, una madrina economista y consultora medioambiental, otro madrina estadística y también consultora medioambiental y yo que soy socióloga consultora y de ambiente (jajaja, no podía comerme ese chiste), bueno, ahora devenida en consultora/profesora y cabinera en tierras cusquenses.
En fin, creo que Luciana sin saberlo recogerá la siembra de lo que soñé para Sofía, para Facundo y para Manu, para Feli y para Lucas. Le compraré colores cuando me quede sin sencillo y se los enviaré por correo desde cualquier lugar en el que esté, me detendré en las calles cuando vea algo de su color preferido sólo para comprárselo. Le preguntaré cuáles son sus personajes favoritos y le compraré stickers en cada viaje. Me comeré una cajita feliz cuando esté lejos sólo para llevarle el juguete de regalo.
Tengo muchas ganas de que un niño me espere sonriente cada que llegue cansada de trabajar; quiero contarle cuentos antes de dormir no para que se duerma sino para que se le despierte la imaginación, quiero un dibujito de mí para el día del padre alternativo (léase lesbiana con ansías de ser padre), pero creo que para eso tendré que esperar que mi hermano se reproduzca. A Luciana no la puedo ver todos los días, pero cuando esté con ella, cuando pueda verla, recibirá todo el amor del mundo de mi parte. Creo que aprenderá a quererme también.

miércoles, 18 de febrero de 2009

La gallega

Uyuyuy, hoy desempolvé el gustito de mirar con brillo en los ojos a una mujer. Y no es que lo haya perdido, pero habían dejado de llamarme la atención las desconocidas. Hoy me encontré en la recepción del hotel a la españolita que me presentó Rolando hace algunas semanas. Ya la había visto pero no me llamó la atención hasta hoy.
Conversamos breve, me dí cuenta de ese "recuperar el gusto", cuando me ví espontáneamente acercándome a saludar. Yo, que tan fría me había comportado cuando me la presentó cuycito. Pues no, ahora estaba linda y me quedó mirando también, sino fuera por eso no levanto mirada, ocupada como estaba sacando cartillas para las clases de las cajas que tan amablemente me están guardando los del hotel.
Beso va, beso viene, despreocupada yo preguntando por sus vacaciones, preguntando por su proyecto, contándole del mío. Y la dejé irse. Más vale no apurarse, ya sé que está en Sicuani y es suficiente. Atención que el gaydar no me emitió la más mínima alarma. No es de las mías claro; pero ya el simple hecho que me haya gustado saludarla y charlar un poquito me viene bien. Si la encuentro otra vez la invitaré a cenar, así como quien no quiere la cosa. No espero nada, solo quiero charlar con una mujer y sentirme cómoda.
Se siente bien que vuelvan a llamarme la atención las mujeres.
Yo que pensé que terminaría volviendo a la heterosexualidad. Que horror.
Estoy feliz. ¡El bicho ha vuelto!

sábado, 14 de febrero de 2009

14 de febrero

Día básicamente creado con fines comerciales ¿verdad?, pero qué necesidad de tener cerca a la mujer objeto de afecto y huachafamente, entre arrumacos y ternuras, pasar el día con ella.
Anoche hablamos por teléfono. Es lo que hay.

jueves, 12 de febrero de 2009

Fillini

Como en una película de Fellini. Ayer Ricardito se sentía mal y antes de ir a cenar nos paramos frente a una farmacia de las cadenas “Arcángel”, mientras el nene pedía las mismas pastillas que recomienda Sofi Mulanovich (Apronax, claro), Rolando y yo nos quedamos en la puerta conversando. De pronto, de dentro de la farmacia sale un niño como de doce años cargadísimo de bolsas con medicamentos. Serían cerca de cuatro bolsas con todo tipo de productos, desde pañales hasta pastillas y demás, ya el hecho que saliera de la farmacia tarareando era bastante inusual. Un chico bastante humilde en realidad, con sus yanquis en el frío de Sicuani a esa hora, pero muy contento.
Tarareaba mientras llegaba hasta la calle, siguió tarareando cuando tomaba su bicicleta y acomodaba la mercadería, acto que hizo con toda la paciencia del mundo y en feliz responsabilidad. Se acomodó bien a su bicicleta y cruzó la calle entre decenas de triciclos y mototaxis que son los reyes de las calles de la ciudad. Rolando y yo lo veíamos alejarse y nótese el detalle que nunca dejó de tararear. La melodía no era de ninguna canción conocida, probablemente ni exista la melodía así establecida de manera comercial; pero el niño la hizo tan especial y le oímos hasta por lo menos la mitad de la calle de enfrente cuando se perdió entre la gente.
Mi amigo y yo seguimos la escena sonrientes y con las manos en los bolsillos. Entre la sorpresa y la admiración, la ternura de lo que acabábamos de ver nos dejó breves segundos callados.
Rolando: Parece de una película de Fellini.
Eve: Fellini en su versión andina.
Rolando: … sería Fillini.
Ricardito nos encontró atragantados de risa, carcajadas sinceras y sin ánimo de burla, Rolando es ayacuchano, yo soy limeña pero hija honoraria de varias provincias andinas, ambos queremos y respetamos esta cultura; pero nadie se espera ese tipo de respuestas de Rolo. Por supuesto que las pastillitas nos lo resucitaron por un rato a Ricardo, hoy fuimos todos a por más pastillas; pero al niño de la escena fillinesca no lo vimos más.

miércoles, 11 de febrero de 2009

El barquito y el temporal

Creo que a todos nos pasa eso de pensar que la vida de uno a veces pasa por temporales serios y, finalmente toca agarrarse bien, tirar el ancla y esperar que pase el temporal.
Ahora me solidarizo con los barquitos de papel.
No estoy de buen humor, agradeciendo que hay una actividad que me mantiene ocupada y pensando más en las capacitaciones que en mi historia personal. Esta madrugada y mañana temprano he estado reflexionando mucho. Definitivamente hay algo que estoy haciendo mal.
Trataré de sentarme y revisar en qué me equivoco para seguir el viaje.
Por lo demás, en el trabajo todo bien. Es posible que nos aumenten quince días más y terminemos en Cusco ciudad, materia pendiente también, pues en el año que estuve me agarró un soroche impertinente que lo único que esperaba era irme.
Vamos barquito, puedes llegar a buen puerto. Es cuestión de meterle ganas. (Positivismo, puagh!)