Son más de doce años de haber seguido los mismos y distintos caminos, ciudades, gente, familia. Cada una tomó un camino después que nos despedimos una noche en Miraflores, yo no sabiendo qué hacer con el afecto que me quedaba en los bolsillos, en el bolso, entre los cuadernos y que ella no estaba lista para recibir aún. Mi andar me llevó a muchos lugares, con otras personas a las que quise mucho y sin embargo no eran las indicadas. No eran tú, ahora lo entiendo.
Como parte de todos los recuerdos estuviste siempre, ¿cómo olvidar a la primera mujer que le has dicho “Me gustas”?, con la puerta del closet aún entreabierta después de reciente salida. Con todos los cuestionamientos a cuestas, con los temores y la valentía que me significó mirarte y decírte que quería pasar mi tiempo contigo.
Tus caminos te llevaron a convertirte en más gente a quiénes querer, tu rostro en el rostro de locos bajitos. Con tanto para compartir ahora y las historias que tenemos por contarnos. Poco a poco, cuando te acompaño telefónicamente en el camino a la oficina o de vuelta a casa, nuestros años van ordenándose y los presentamos como en diapositivas, quiero saber qué fue de ti y te pongo al día de lo que hice con mi vida.
- La última vez que te vi tenías que codificar unas encuestas.
- Ahora las estoy digitando. Sí, sigo con las encuestas.
Pareciera que no he cambiado al menos en mis actividades. Ella sí hizo mucho, creció no solo profesionalmente, hecho del cual estoy muy orgullosa, porque estoy redomadamente enamorada de una mujer brillante. Yo también tengo algunos logros, también crecí.
El caso es que estamos planeando enfrentar con creatividad, paciencia y buen humor nuestra historia, que tantos años después vuelve a escribirse. Junto con el cariño, desempolvamos y rescatamos aquello que en esos años me llevó a quererla sin éxito y que ahora, por misterios de la naturaleza y los largos y enrevesados caminos que tiene la vida, me devuelven a ella.
Y así, para quienes me conocen y saben que la carencia de imaginación no es mi fuerte, ni con toda la imaginación del mundo hubiese podido imaginar que ella, precisamente ella, aparecería otra vez en mi historia, abriría las ventanas, sacudiría la capita de polvo que se me había hecho en el afecto, invitaría amablemente – es una de las personas más amables que conozco – a la tristeza que me gobernaba últimamente, a salir por la puerta. Su voz como cuando éramos más jóvenes, me desarma. Su ternura no tuve oportunidad de conocerla entonces y ahora me la ha presentado y se dedica a hacerme pequeños regalos todos los días. Me cuida, me llama “Amor”, me entusiasma, motiva, nos contagiamos de nuevos proyectos, que puedo decir… lo único que se me ocurre es: “¿Así que esto era realmente la felicidad?, que tal, soy Evelyn. Mucho gusto”.