viernes, 3 de abril de 2009

Buen humor

Me sorprendo de mí misma. Es extraño que mi buen humor sea tan sostenible en el tiempo, casi todo un misterio; pero es una sensación agradable, como oler café temprano domingo a la mañana, como descubrir que un libro es bueno cuando quedas atrapada y no puedes parar hasta terminarlo, como leer el "Toda Mafalda" en una noche. La felicidad siempre tiene forma de mujer.
Seguro que en unos días me caigo de la nube, no sería raro; pero mientras dure la felicidad hay que saborearla.
Aunque insisto, me siento tan rara... que este post es cortito comparado a mis verborrágicas intervenciones anteriores. Estoy tan sorprendida que me he quedado sin palabras.

jueves, 2 de abril de 2009

Autocensura

No puedo decir nada.
Glup!
¿Y ahora?, si mi gobierno es la palabra el que no pueda decir nada me tiene de cabeza.
Nada, mutis, lo pienso y lo repienso y no esta bien que hable, ni que escriba.
Merde.
¡Que difícil es el silencio!

domingo, 29 de marzo de 2009

K'antu y K'ente

Como una loncherita de Naruto no era el envase más apropiado para la bella Toshi, y reparando en su origen cusqueño (el dinero para pagarla lo conseguí en Cusco), decidí hacerle un trajecito a medida. Desgraciando mi presupuesto y haciendo obediencia absoluta sobre mi particular consumismo y compulsión durante las compras, llegamos a un taller de artesanos en la calle San Agustín en Cusco. Haciendo la presentación respectiva entre el artesano y Toshi, me decidí por un pequeño envase para mi chiquita, copiando el modelo de un bolso, incluyendo un colibrí o (K'ente en quechua) más la flor nacional que es el K'antu. He aquí el resultado.

Ah, incluyo una foto de la Ch'allascca de Toshi, para más información consultar el facebook.

sábado, 28 de marzo de 2009

Arriesgando la vida

Liniers hizo bien en poner a su blog "Cosas que te pasan si estas vivo", pero como que me excedo con las cosas que me pasan a mí y demuestran que estoy viva. Ayer en la tarde cuando volvíamos de una comunidad llamada Sacaca en Pisac - Cusco, nos informaron temprano que por los trabajos para ensanchar la carretera (la trocha carrozable en realidad, no daba para carretera) iban a cerrar el paso hasta las 15 horas. Muy bien, nos fuímos a capacitar al Parque Nacional de la Papa con toda tranquilidad esperando volver a pasar por ahí a eso de las 17 horas. "Sobrado", pensamos.
Terminamos de dar la capacitación, el sitio impresionante, la gente "olorosita" como siempre, perdón, "amorosita" como siempre. Y se nos hizo la hora de volver. Cuando volvíamos los rostros que nos miraban extrañados al paso del bus fueron un primer referente. Luego nos empezaron a decir que no podíamos pasar. "Horror" pensé yo. Teníamos dos posibilidades, o nos bajábamos y caminábamos hasta Pisac, que los locales nos decían "Diez minutos caminando", que en tiempo real es como dos horas caminando, o nos dábamos la media vuelta y hacíamos un camino de cuatro horas hasta Pisac bordeando ese camino.
Ambas alternativas eran espantosas. Yo estaba llena de paquetes cual ekeko, pues planeaba quedarme los próximos tres días en Urubamba, para acortar camino. Asi que iba con mi maletincito porta-Toshi, una maletita con mi ropa y otra maleta con encuestas. Entre el chino y Lázaro me ayudaron pues tomamos la complicada decisión de caminar.
Caminar no es mi fuerte, nunca lo fué. Sin embargo la luz comenzaba a ponerse y la oscuridad para caminar tampoco es la mejor aliada. Caminaba lo más rápido que permitían mis patitas, con dos de mis tres paquetes. Todo regularmente bien hasta que llegamos a la parte donde los operarios habían dinamitado el cerro. Unas piedrotas cubrian todo el camino, escenario ante el cual palidecí. Si bien tenía puestas las "Land Rover" que me regaló la negrita, confiaba más en el calzado que en mis propios pies.
El chino, Lázaro y Mario cruzaron como cabritas del monte entre los piedrones. Violeta y yo nos quedamos mirando viéndolos avanzar. Si, sí, muy lesbiana pero sumada a mi torpeza natural no confiaba en mi estabilidad. Un tropezón y chau Eve, un hermoso abismo, todo verde y con lindos colores, no me parecía el destino de muerte anhelado. Gracias a Dios Violeta empezó a gritar y los chicos se dieron cuenta que no los estábamos siguiendo. El chino volvió por Violeta y Lázaro por mí. Por breves segundos estuve contenta que todos estos días mi relación con Lázaro había mejorado mucho. Un tropezón hubiese sido fácil de explicar y este buen hombre hubiese estado libre de cargos.
En fin, de la mano de un hombre después de mucho, crucé los piedrones. En mitad de camino empezaron a pasar piedras a nuestros costados y a sonar un "trucutún" perturbador. Más piedras empezaron a soltarse. Renovados gritos de Violeta para que la pasen rápido porque ya se venía un alud. Lázaro me miró, yo lo miré y entendió en mi mirada que tampoco me hacía gracia que un piedrón me entierre hasta el fondo del abismo; pero que iba lo más rápido posible. Al final, cruzamos. Todo el mundo arrepentido porque aunque nos tomamos fotos durante todo el viaje, de esos momentos tan tensos nadie tomó registro.
En fin, pensé que no hay honorarios que paguen el miedito que sentí, que la aventura y la adrenalina se pueden ir con mucho a la mierda pero que no me gusta ni caminar ni arriesgarme mi pellejo de esa manera. Salimos bien que es lo importante; pero la puta que los parió a los que dejaron el cerro dinamitado. Mi conciencia social no es tan fuerte. Mi individualismo gana en estos casos.

jueves, 19 de marzo de 2009

Breves alegrías



El cuerpo se cansa, a estas alturas me siento super cansada por el ritmo de vida que me encanta pero que igual me hace vivir tensa, caer en derrapes de depresión cuando se hace de noche y no tengo a quien contarle como me fue durante el día. Anoche se me caían los lagrimones porque me dolía cantidad la pata (me caí y me torcí la patita izquierda) y tuve que contarle a una todavía desconocida y nueva amiga como me sentía, de la puta necesidad de charlar con otra mujer.
Hoy sin embargo mi ánimo mejoró gracias a que me tocó dar clases en el colegio Comercio 41 y el grupo fue espectacular, jovencitas de cuarto de secundaria super educaditas, correctitas, que preguntaban y participaban y lo mejor, se reían de mis chistes; que son bastante malos y bue, es todo un logro hacer que se rían con ellos.

En fin, me gustó tanto el grupo que es el primero con el que he querido fotografiarme desde que llegué a Cusco.

Con ustedes, las chicas.

sábado, 14 de marzo de 2009

Si Van Gogh se hubiese hospedado en Pitumarca

Se hubiese suicidado antes. Por Dios, que lugar deplorable donde me tocó albergarme. Estoy agradecida porque no pasé la noche en la calle; pero detalles a tomar en cuenta:
a) Mi puerta no tenía pestillo, he dormido abrazadita a mi laptop.

b) La puerta de la calle no tenía pestillo, ergo, durante la madrugada tuve un desfile de borrachos por mi puerta con el temor de que alguno se vaya a equivocar de habitación y se me aparezca pretendiendo quedarse. Mi lesbiana condición no me hacía temer otra cosa, salvo el mal rato que pudieron haberme hecho pasar. Soy más alta que la mayoría de pobladores de esta zona, mi contextura servía para defenderme; pero tenia más miedo por Toshi y su integridad fisica.

c) El baño no tenía pestillo!!!!, el horror. A las tres de la mañana estaba en un debate de ir al baño o no, condenado organismo, todo el Tampico que me había tomado exigía salir y yo con miedo de ir a un baño que además de lejos, oscuro y sin pestillo!!! me desanimaba. Nunca había demorado tan poco en un sanitario (si se le puede llamar sanitario a esa cosa tan insalubre).

d) Un gallo terrorista insistió en despertarme desde las 4am.

e) A pesar que es muy barato el hospedaje, el Chino y Lázaro me comentaron que me iban a cobrar seis soles, esta mañana cuando fuí a pagar me cobraron ocho. A pesar que mi habitación era peor que la de los chicos. No reclamé porque realmente es barato; pero por supuesto que la viveza adicional es lo que me molesta.

Conclusión, hoy me iré a dormir a Sicuani. Ni por putas me quedaré en Pitumarca a pasar una noche más; prefiero perder como cuatro horas de mi vida viajando de ida y vuelta que el terror a una puerta sin pestillo. Cuando le comenté a la señora que me parecía insegura la puerta, me contestó: "Pero por aquí es tranquilo...", tranquilos sus calzones. En mi esquema de bicho de ciudad las puertas tienen que tener pestillo y punto.

jueves, 5 de marzo de 2009

¡Toshi no está en venta!

Pero yo digo, bueno, es cierto. No es muy frecuente ver laptops como Toshi en los lugares a los que estamos llegando con el bus, pero recién en Tinta un al parecer abogado se enamoró de ella. Como cuy mágico me ha dejado de tarea buscar info adicional, tengo que entrar a cada municipio e indagar por algunos datos; pues resulta que entré a la muni de Tinta y juguetito en mano (convengamos que Toshi a veces parece de juguete) me dispuse a tomar algunos datos que me facilitaría la secretaria del alcalde.
La primera en satisfacer su curiosidad fue la misma secre, que preguntó por precio y funciones de mi pequeña. Expliqué amablemente precio, cosas con las que vino y toda orgullosa estuve un buen rato absolviendo consultas. Hasta que el abogado no pudo más y largó como cosa de nada: “Véndamela”, asumo que mi cara de espanto le habrá dado idea de la barbaridad que me estaba pidiendo. Ni él era Robert Redford (estaba años luz, aún con lo hecho pelota que está actualmente RR), ni yo Woody Harrelson (porque tengo más cabello), ni Toshi Demi Moore (Toshi es más linda, claro), pero me sonó a propuesta indecente. Ni a la mujer, ni a la guitarra ni a la laptop se les puede prestar ni mucho menos vender.
Le dije escuetamente que no puedo venderla y agradezco al cielo que no preguntó “¿Por qué?”, porque iba a pasar por recontra freak si hacía explícito que me enamoré de ella desde que la vi en la revista virtual de Saga, que a pesar que cuy me promocionaba otras laptops yo la quería a ella y nada más que a ella, aunque era algo más costosa que las otras, aunque me dolerá el bolsillo por mucho tiempo; pero eso fue amor a primera vista. Amor del sincero, del real, del que empieza como platónico y se concreta.
Bueno, admito que sí sueno como recontra freak por estar enamorada de mi mini laptop jajaja. A lo hecho ¡pecho!, esta bien, me hago cargo y me doy cuenta que estoy un poco loca; pero al menos la laptop no me va a salir con nada extraño ni me va a hacer sufrir, así que es entendible que esté más enamorada de ella que de cualquier mujer en este momento.
En fin, más o menos le dije al tipo que se podía ir a la… Lima, que ahí es donde las venden y demás; pero que no la vendía, no, no, no. Si se habrá visto tamaña insolencia… hum.

domingo, 1 de marzo de 2009

Días raros

Bueno, entre la lluvia, mi cuy mágico que me contagió la gripe, lo lastimada que tengo la nariz, hoy que no tuvimos internet en el bus, lo poco que podemos hablar, la voz de Felipe, el cumple de mi hermano ayer y que no lo debe haber pasado tan bien porque no salieron sus planes y todo, todo, son días raros.
Ella tiene razón, siempre me resfrio en estos trabajos. Tengo las defensas a la miseria.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Toshi y Naruto


Parecen los personajes de algún manga ¿verdad?, pues no, me refiero a mi laptop y su original medio de transporte. Su primera salida a la calle oficial fue a Pomacanchi con breve estadía en San Pedro, que es el siguiente distrito que nos toca en el recorrido del bus. Sin embargo, cuando viajábamos de Pomacanchi a San Pedro nos atrapó una poderosa lluvia que me hizo temer por Toshi. Así que a la usanza de las mujeres andinas que se cuelgan a la espalda a los hijos, bueno, salvo por el mantón en el que envuelven a los niños, hice lo mismo con Toshi. La arropé bien en el bolso Puma que me compró la negrita para ella antes que existiera, me la metí debajo de la casaca (parecía el personaje que hace la presentación de “Alegría” del Cirque du Soleil) pero nada importaba, sólo que ella estuviese a salvo.
Caminamos bajo esa lluvia tempestuosa al paradero. Hacia un frío de mierda y admito que ni las señoras llevan con tantas precauciones a sus hijos. En fin, llegamos a Sicuani, la dejé en el hotel y salí a buscar algo en que transportarla en adelante, que sea agradable, confortable y sobre todo seguro para ella. Que la proteja del frío, de la lluvia y de la gente.
En mente tenia desde que se me ocurrió comprar una laptop mini, que quería una cosa tipo cartuchera grande donde pueda viajar cómodamente y además que sea hermético, algo así como el estuche de mi cámara fotográfica pero como para la laptop. Si existe o no, no lo sé; pero era casi seguro que no lo iba a conseguir en Sicuani.
Caminé todo el centro, visité cada tienda de artículos de cómputo que hay (cuatro) y cada bazar (dos) de la ciudad y no encontré nada que se acomode a lo que tenía en mente. Hasta que entré a una librería chica, donde Floricienta desde un tono rosa púber me sonreía y se presentaba en forma de lonchera escolar, como el perfecto transporte para Toshi. Admito que en dos segundos de debilidad me pasó por la cabeza comprarla. Luego me dije: “Floricienta, no por Dios, seria demasiado. Con eso si, seguro que me sacan del gremio de lesbianas. Ni a una marica se le cruzaría por la mente”
Pensado esto, salí rauda de la librería chica, por temor a que mi afán de transportarla me haga comprar la lonchera en cuestión. Unos pasos más allá me encontré con una librería grande, hermosa, donde los cuadernos Norma y otros productos coloridos me llamaron la atención. Lo primero que hice fue preguntar por algo más o menos así: “Necesito transportar algo tamaño cuaderno, que sea hermético y pequeño, como un cartapacio o algo así”. No tenían. Resignada pregunté por las loncheras y ahí estaban, en lo más alto del local. Me miraban sonrientes las princesas de Disney en rosa, los personajes de Hi5 en verde feo, un niño que no sabía quién era en azul, Winnie Pooh en naranja y Mickey Mouse en un amarillo espanto.
Horror, cada posibilidad era mas terrorífica que la otra. Y así lo hice saber, no dejaba de pronunciar “Que horror, que horror” ante el asombro del agradable petisito que me atendía (ciertamente, mi gaydar me hizo acercarme primero a él, luego cuando oí su dulzona y amable voz confirmé que era puto), me miraba extrañado. Claro, no tengo pinta de madre que va a comprar la lonchera del hijo, tal vez de padre pero… igual, no tenía sentido mi cara de espanto ante ese escenario, así que le conté: “En realidad estoy buscando en que transportar una laptop chiquitita…”, me miró entre la compasión que se siente por una hermana lesbiana escogiendo una mariconada, su diligencia como vendedor y la risa.
Escogí a Mickey, estaba con un dedo en la boca y como avergonzado. Me gusta Mickey Mouse pero ¡era demasiado!, así que como encima era amarillo espanto me retracté y pedí la lonchera azul, le pregunté qué personaje era ese a mi amable colega y respondió: “Naruto, es un dibujo que está de moda. Un guerrero”. Pensé que no estaba tan mal, el típico dibujito de peleadores chinos de ojos grandes. Entonces sería Naruto.
Mis problemas no estaban del todo resueltos, la lonchera era del largo perfecto de Toshi (lo saqué al ojo) pero iba a ser muy ancha para ella, así que tenía que buscar con que rellenar esos espacios y generar algo que amortigüe, por el movimiento en que la tengo cuando viajo de un sitio a otro. El chico me recomendó algo que no recuerdo como me dijo que se llamaba pero en Argentina le dicen goma eva, es un material plástico, casi como el material del que están hechos los pad sobre los que ponemos el mouse. Bueno, terminé comprando una plancha de eso y recorté cuadrados para la base, el medio y la parte más alta de Toshi. Está super protegida ahora.
Hoy temprano, de vuelta en San Pedro, pasé el papelón que los chicos vieran en qué estoy transportando a mi chiquita; pero no importa. Lo importante es que ella esté cómoda y segura. Al margen de lo mucho que cuestiona mi lesbianismo militante su medio de transporte.

lunes, 23 de febrero de 2009

Toshi

Vamos a probar hasta que me acostumbre a este mini teclado, parece de juguete la mierdita esta, será cuestión de acostumbrarse. El tamaño de uno de mis dedos es medio teclado así que ya me acostumbraré.
(Más tarde) Me costara acostumbrarme a este tecladito, pero ya se verá.
(Más tarde aún) Van avanzando las horas y este tecladito me hace escribir las cosas dos veces, por lo chiquito. Es el equivalente a susurrar pero en escrito.
Bien, ahí vamos.
Para llegar a Toshi viajé a recoger a Rolando a Cusco, mi centro de operaciones es Sicuani así que me significaba un viaje de dos horas y media aproximadamente. Esto en el “Zorro”, servicio de transporte público de pasajeros que es un bus, digamos, mediano. Tomé mi ”Zorro” e iba contenta porque podría tomar algunas fotos en el camino y aprovechar admirar el paisaje.
El paisaje fue perfecto hasta Combapata, donde mi silente compañero de viaje (el ideal) se bajó y a cambio obtuve un perfecto borracho. Me di cuenta cuando el olorcete a borracho inundó mi amado espacio, volteo y me doy con un tipo como de mi edad que bromeaba con el cobrador diciéndole que no tenía para su pasaje: “Eureka – pensé – tendrá que bajarse”. Lamentablemente sí tenía y lo tuve que aguantar todo el viaje.
Lo tuve que aguantar es la palabra exacta, el 80% del viaje lo tuve dormido arrimado a mí, que asco, primero porque era hombre y segundo porque estaba borracho. Bueno, no es que una borracha fuese más tolerable, lo que me molesta es el olor a alcohol; pero me quedaba el consuelo que fuese mujer; pero ni eso. Puagh!.
Más de un par de veces lo zamaquié, uno de mis empujones fue tan fuerte que su gorra salió volando y ni con eso el borracho. Un espanto total. Luego condenada a mi suerte y sin otro lugar donde cambiarme, decidí que mientras no me babeara tendría que llevarlo casi en la espalda.
Lo curioso es que terminé enterándome su historia personal y fue de lo más divertido, el tipo tenía una vida miserable. Escrito así suena cruel, pero ya verán a que me refiero:
(Sonido bagre de ringtone de celular)
“Alo, mamita, mamita… no se donde estoy (pregunta a vecinos de viaje, le dicen) me he pasado mamita…me he pasado mamita… he tomado un poco mamá… si, me he pasado… ya, ya, estoy lejos… ¿tú me vas a recoger?, pero… ya, ya, sí mamá, perdóname… ahí me bajo, antes, antes, ya. Ya, chau chau mamita”
Como queda claro, el tarado ni sabía donde iba porque se terminó bajando en Cusco en el último paradero. En fin, así yo hubiese sabido donde iba no le hubiera avisado, uno porque no conozco los lugares y dos, que se cague, por borracho. Pobre su madre la verdad.
Bueno, lo más divertido fue la segunda llamada:
(Segundo ringtone, pero igual de bagre en el celular)
“Alo… no, ya estoy lejos. Me voy, me voy y nunca más voy a regresar. Cuídamelo a mi hija, cuídamelo a mi hija por favor. Gracias por todo, gracias (inicio de llanto desconsolado). Nunca he llorado, nunca he llorado… ahora… ¿para qué?, tú nunca me vas a querer, nunca me vas a querer (entre lamento mexicano) me voy porque nadie me quiere. Me voy lejos, nunca voy a regresar, me da pena dejar mi casa (sorbida de mocos).
Ya veré que haré, dormiré en la calle, no tendré que comer… ¡tú no me quieres! (imitando a Thalia en cualquiera de las novelas que protagonizó), mi hija no me quiere… lejos me voy… ¿Hijita?, adiós hijita… pásame con tu mamá”
El borracho había sido una manipuladora cualquiera, primero, que se iba porque la mujer no lo quería y ni la hija lo quería, luego cuando le pasan a la hija para que le llore un poco supongo, pide nada más con la mamá. Admito que en esos momentos mi cabeza girada hacia la ventana no era para admirar el paisaje, sino para contener la risa. Imagínense todo ese diálogo en voz de borracho. Lo siento, habrá sido su historia personal pero a mí me sonó a programa cómico.
Además, el borracho no estaba mal vestido, tenía un buen celular y todo. O sea, que falta de recursos no era. En su perspectiva de “moda” estaba a la moda digámoslo así. Ahora, yo no creo que se estuviera yendo a ningún lado, porque salvo el celular y tres soles que andaba morreando, no tenía nada encima; una mochila o una maleta que indicase un viaje corto por lo menos. Ése pata de borracho estaba diciendo todo eso, nada más.
Al borracho luego la madre lo empezó a monitorear, supongo que la familia agradecida que no haya tomado un carro que vaya más lejos, si subió en Combapata, lo más seguro es que su destino real sea uno de los pueblos de más allá; pero terminó en Cusco.
Volviendo a Toshi.
Me encontré con Rolando después de espera en el aeropuerto. Me dejó en la agencia donde salen unas mini van hacia Sicuani, obviamente, no podía volver en el “Zorro” porque se me escarapela el cuerpo de tener que viajar así, teniendo que oír historias ajenas y departiendo excesivamente con el pueblo.
Tengo bastante con los olores y demás que vivo a diario en el bus, como para utilizar mi día libre en eso precisamente.
Con Toshi en casa – en el hotel en realidad pero que ya me está resultando amenamente familiar – la desempaqué, me escandalice con lo pequeñita que es; pero a estas alturas ya estoy escribiendo más de corrido. Al menos el borracho me ha servido de entrenamiento por lo menos.
Bienvenida Toshi querida, bienvenida chata.