viernes, 28 de mayo de 2010

Demasiado tiempo

Demasiado tiempo y demasiadas cosas ocurrieron entre el último post y éste. Que lejos se ve febrero, cuanta gente perdí en el camino (no me arrepiento pero admito que extraño), como cambió mi vida, mis horarios, mis hábitos. Me observo y en el transcurso de unos meses todo se transformó.
El recuento:
- Wayra va a cumplir pronto cinco meses conmigo. Está hermosa, tiene los problemas típicos de una perrita de su raza (Léase alergias, exagerada dependencia hacia su padre -yo - y su abuela, ladridos histéricos si no es controlada y un odio desmedido a los vecinos), pero ambas la llevamos bastante bien. Y básicamente nos queremos, ella me espera desesperada que vuelva del trabajo y yo vuelo el parque y las manzanas que me separan de su abrazo cuando salgo de la oficina.
- Mis amistades cambiaron. De culturosa pasé a formar parte de una manada. Con una breve cuota hetero, un gay y dos machonas que queremos cambiar el mundo; pero como es característico, mis grupos duran poco y nada. Siempre tendré a Regina, es la más constante y su carácter acidito es el que le da sabor a mi vida. Siempre tendré a mi Gio, es la hermana inteligentísima que siempre quise tener, el gay más adorable del mundo. El resto de personas oscila, solo asideros como Karin son inamovibles. Ahora mi abogado, doctor Flu está también para mí. Ellos son mi cable a tierra, por separado generalmente.
- Mis esquemas laborales como siempre giran alrededor del sol, tal vez eso cambie, tal vez no.
- Pienso en los que debieron ser mis hijos, pienso y pienso mucho.
- Pienso en la felicidad por venir, sólo porque soy terca y me empecino en creer que todos merecemos esquirlas de felicidad. Aunque venga en un empaque diferente al del amor de mi vida, aunque lo intente y lo vuelva a intentar con otras mujeres, solo por necia, por sacarme el clavo, por andar pensando: "Tal vez sea ella", "Tal vez sea esta otra" y no me canse de llamar a la felicidad a los gritos; porque todavía me queda fuerza y voluntad para gritar.
Sigo caminando cansada, sigo siendo el desorden con patas, todavía me duele la espalda, cada vez más los músculos en mi cuerpo me recuerdan que estoy cercana a los cuarenta, un festival de tirones y contracturas que me dejan quietecita en medio de la calle son anuncios publicitarios de mi vejez.
Aún no se me ha podrido ex esposa, pese a tus férreos deseos. Va en camino; pero aún no.
Todavía lloro algunas mañanas y noches porque no hay a quién decirle: "Buenos días amor", "Buenas noches vida", y me limito a recordar su cuerpo y abrazarla imaginariamente. Recordando su risa, su olor, la forma como respiraba mientras dormía, su inquietud y sus pesadillas, su forma encantadora de patearme dormida, saber que sigo siendo una "lorita curiosita" y a la vez ya no lo soy.
Como pueden ver, sigo siendo un bicho nostálgico. Eso es de lo poco que no ha cambiado.

lunes, 8 de febrero de 2010

De las miserias lésbicas y otras dolencias

Ni soy el búho que todo lo sabe ni soy un oráculo. He visto y vivido cosas parecidas y algunas diferentes a otras lesbianas. Me hace ser quien soy justamente todo eso. Soy un poco de las miradas de mi gente cercana y otro tanto de opiniones; pero atención que no quiero ser una opinóloga.
En los últimos días, he visto caerse y desarmarse un buen puñado de amistades. Ver desde la inmadurez - que cuando no es propia y se vuelve externa es más sencillo distingirla - como mujeres que se quieren mucho se hacen daño y juegan a decir medias verdades y mentiras completas.
Yo admito que extraño a mi grupo cercano. El ver como sea por nuestras actividades o por las malas relaciones entre unas y otras, "las culturosas" se fueron perdiendo. Ahora nos reunimos por separado, a lo más en injustos pares cuando antes éramos cinco. Y que no se malentienda, disfruto de cada una en individual como en colectivo; pero que hallamos perdido nuestro gustito por el colectivo es lo que me apena.
Y más me apena que dentro del grupo haya alejamientos y arrugadas de nariz, entre nosotras mismas.

viernes, 22 de enero de 2010

jueves, 24 de diciembre de 2009

Artesanos de ilusiones


Como decía ayer, este año el niño Dios ha abusado bastantito del aguante de mi billetera en cuanto a regalos propios. Creo que es una de las épocas en que más me he regalado y quiero creer que es porque lo merezco. Me regalé:
- La entrada para ir a ver a Metallica en zona M (la más linda, la más mejor y rogando no morir aplastada por 5,999 neanthertales eufóricos)
- La entrada para ir a ver a Beyoncé, esa sí en zona vip y sentadita. Quiero babear con total comodidad.
- ¡Una caja de herramientas!, lesbiana de buena cepa, no me sentía digna hasta tener una. Tiene 160 hermosas piezas que posiblemente el 50% no use nunca, pero es MI caja de herramientas y me encanta.
- Ropa linda, me declaro fanática de Pierre Cardin.
- Un títere de mano que es una rana ABSOLUTAMENTE hermosa. Podré jugar a que soy Jim Henson con René.
- Un mandil de cocina simulando una radiografía. Mu lindo.
- Un peluche del diablo!!! por lo general detesto los peluches, pero este era tan simpático que hasta el niño Dios opinó lo mismo y me lo compré.
Y lo más importante, en la feria La21única de Barranco encontré unos artesanos que hacían marionetas. Obviamente, desde que me puse a revisar las fotos que mostraban los artículos en venta en la feria, fue lo que más llamó mi atención. Cuando llegué a su puesto, me detuve a observarlo todo. Tenían unas marionetas grandes de "El gordo y el flaco", una de Pinocho impresionante también, la de Pinocho costaba cien soles y la de la pareja de humoristas, creo ciento cincuenta; nada que pudiese pagar en ese momento considerando todos los gastos previos. Así que me puse a mirar las más chiquitas.
Un mago pequeñito me miraba, todo blanco él con su capa negra y su varita en la mano era muy atractivo como para no quererlo; pero también contaban con una serie de "negritas", muy parecidas a las clásicas imágenes que en los cincuentas creo hacían de los afrodescendientes (hablemos con propiedad) norteamericanos. Esos que salen en la película "Bamboozled"
Me enamoré de una de ellas. Mi negrita tiene un vestidito negro de lunares blancos. El cabello en trenzas y una sonrisa linda. Sus piernitas son unas cuentas redondas. La he probado ya en casa y baila bastante bien. Lo interesante del asunto es que cuando me decidí por ella se la pedí a la señora que atendía el negocio, ella la bajó, era la segunda de derecha a izquierda en una larga fila de marionetas y la sostuvo para mí durante unos minutos:
- Sí, esa es la que quiero.
- Te la estoy mostrando (Con carita de "Te la estoy mostrando para que te enamores de ella")
- La quiero por favor.
- Ya te la envuelvo, un ratito.
Con toda el cariño del mundo tomó a mi negrita, acarició sus cuerdas, le pasó los dedos por el cabello y alisó su vestido, le dijo: "Chau negrita" y pasó a explicarme que ellos mismos hacen las marionetas y les cuesta despedirse. Espero que la mirada que devolví le transmitiera que yo la iba a cuidar y querer mucho, que su negrita llegaba a alguien que ama tanto los juguetes como ella.
Obviamente todo este pasaje me enterneció tanto que la han convertido en mi juguete más preciado de estas navidades.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

martes, 8 de diciembre de 2009

Un poco decepcionada

Lo que se supone que debería ser un día feliz no entiendo como se pudo volver un poco mierdosito. En fin, no viene al caso pensar en las varias situaciones que me pusieron de mal humor. Pensemos en lo que me animará:
1) Contar unos quince días a partir de mañana. Cuando el contrato que tengo del adelanto para el departamento se convierta en el contrato de compra-venta final y el departamento sea mío (bueno, mientras tanto del banco pero a mediano plazo mío). Mudarme, comprar algunas cosas para mi sobrevivencia básica y pensar: Mejor sola que acompañada por gente que ya no siento cercana (tal vez nunca lo fue, que se yo, se que nostalgio pero haré un nudito en mi nostalgia y la guardaré por ahí a la espera que se pierda).
2) Ya que no puedo tener mascota, comprarme un robot que al menos se alegrará de verme porque le pongo pilas.
3) Decorar de la manera más inesperada mi lugar de vivienda. Tengo las ideas, solo falta comprar, imprimir y conseguir el resto.
4) Bajarme todas las recetas que pueda de Internet. Quiero cocinar.
5) Leer todos los libros que me he comprado en esta Feria del Libro.
6) Tomarme solita la foto con mi pipa.
7) ¿Ya dije regalarme el robot?
Y creo que por ahora eso. Que no es poco ¿eh?

sábado, 5 de diciembre de 2009

Los músicos ambulantes



Anoche re-estrenaron "Los músicos ambulantes" en casa Yuyachkani, como saben (y los que no saben dense por enterados) es la última puesta de una serie de presentaciones con varias de las obras clásicas de los Yuyach. Clara llegó tarde a la cita y Regis por poco y no llega. Los tickets en mi bolsillo se impacientaron tanto como yo cuando cabía la posibilidad que nos cierren la sala y se quedara sin ver la obra; pero llegó.
Eran casi las ocho de la noche y el poco público en la puerta, entre las bancas y el comedor me asustaba un poquito. Pensé: "Es "Los músicos"... esto YA debería estar lleno". Y aunque estuvo lleno el teatro muchos llegaron tarde, otros querían entrar con comida (ja!) y el público joven, entusiasta, alguna gringería, gente de mi edad y yo, todos sin imaginar lo que estabamos a punto de ver. Nos acomodamos en nuestros asientos y comenzó a ladrar un perro.
No voy a contarles la obra, porque básicamente escribo esto para decirles: Vayan.
Vayan, porque si tienen hijos, sobrinos o ahijados es vital que los chicos disfruten esa oportunidad que se presenta ahora de conocer la música de nuestras diferentes regiones a través de gente mágica como son los Yuyachkani. Yo debo haber tenido menos de veinte años la primera vez que la ví y me lamento por haberlos descubierto tarde. Dénle la oportunidad a los chicos, estoy segurísima que no lo olvidarán nunca.
Vayan, porque si tienen novia, novio, esposo, esposa, amante, encontrón o encontronazo, es un lindo espacio para compartir algo más. Es morirse de risa, es querer a los personajes, es vernos reflejados en lo que muchos de nosotros, migrantes o hijos de migrantes - como somos la mayoría - hemos vivido o nos han contado.
Vayan, porque aunque adultos, rescatar espacios que nos hacen ver con ojos de chicos las historias vale muchísimo la pena.
Vayan, porque la casa Yuyach sigue tan linda como siempre, ahora el cafetín tiene esperando unos brownies buenazos, sanguchitos por si les provoca algo antes de ver la obra y un café bienhechor a precios escandalosamente cómodos. Incluso venden afiches, bolsos y otros recuerditos.
Vayan, porque en la entrada se pueden apreciar las máscaras que estos artesanos han querido compartir con nosotros.
Vayan, porque aunque todos estamos más grandes, hay más canas en nuestro cabello, somos proporcionalmente más abrazables que hace veinte años (me incluyo totalmente), la dinámica es la misma, los personajes están ahí para nosotros en sus saltos, piruetas y talento.
Vayan, porque musicalmente es un viaje fascinante. La música de entonces ahora.
Vayan.
Vayan.
Vayan y avisen a otros, lleven a sus amigos. Yo lleve a casi toda las personas que quería y se dejaron llevar.
Y todavía me falta una visita más.
Vayan porque son los Yuyach.
En serio, vayan.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Guardando libros

Sábado en la mañana y conversando con madre, nos pareció buena idea - ya que van a pintar su departamento - que me ponga a guardar mis libros.
Trapito en mano, uno a uno van pasando muchos de los libros de mi infancia. Los cuentos que leía desesperadamente en las navidades, aguantando el sueño y el momento de la sorpresa para ver qué es lo que me tocaba ese año. Y pensar que todas las ilusiones de madre apuntaban a la muñeca de turno o al jueguito de cocina que se le antojó ese año para mí; cuando era lo que menos me hacia brillar los ojitos. Yo esperaba los libros.
Recuerdo la estrategia armada en una navidad que extrañamente no me dormí. Además de hacerme sentir culpa por no haberme dormido y precisando que Papa Noel al no poder bajar por estar yo despierta, había dejado mis regalos en el closet de la abuela. Subí corriendo a grandes trancos las escaleras y ahí estaban mis cuentos de clásicos en edición española. Quise leer todo esa noche, me tomó varios días. Ahora mientras los guardaba recordé ese pasaje.
Recuerdo que había un cuento, que habla de la Caja de Pandora, me infundía un terror terrorífico en mi chiquititud. Mostraba monstruos azules y otros bicharrajos que por lo bien dibujados que estaban me paralizaban, pasaron varios años hasta que lo leí completo. Autoburlándome de mi cobardía.
Cuando estaba en el jardín, me recuerdo llevando un libro enorme azul "La lechuza que quiso ver el sol", con dibujos fabulosos y muy envidiados por mis compañeritos. Edición española también. Madre escribió mi nombre en el y recuerdo lo que me gustó entonces y lo que me gusta aun que lo he revisado.
Toda la serie de cuentos rusos que la menor de las hermanas de madre, entonces estudiante de periodismo, influenciada por la politiquería de la época, me compró. Tengo Tolstoi y muchos autores desconocidos, los dibujos también son muy lindos y recuerdo mi fascinación de entonces por los nombres como Vadia, Vladimir, Kolia y demases.
"La casita bonita" sobrevivió bastante bien a las termitas.
Otros no tuvieron tanta suerte, igual se vienen conmigo al departamento que compraré.
Viviré físicamente sola, pero rodeada de mis queridos libros. Tal vez de un pez, al que le leeré mucho.

jueves, 26 de noviembre de 2009

¿No les ha pasado?

¿No les ha pasado que cuando mejor están saliendo las cosas siempre hay algo que descuadra el mundo?, bueno, tanto como descuadra el mundo no, pero si que lo altera un poquito.
Hay situaciones que son capaces de estropearle la fantasía al más pintado.
Que alegre iba María esta mañana sabiendo que la probabilidad de conocer a una de sus fantasías sexuales (modelo, actriz, apetencia de la juventud) es la propietaria del inmueble que estoy por comprar. Venía sonriente y relamiéndome como mosca ante un dulce expuesto y la mañana fue desdibujándose hasta tornarse en todo ese gris que cubrió el cielo de Lima desde tempranas horas de la tarde.
Con decirles que hasta garuó, cuando lo que viene haciendo hace muchos días es un sol espeluznante.
Y, no sé, parece que todo influye.
Hace días que no veo a la morena mía (bueno, no es mía, está en calidad de préstamo temporalmente hasta que se enamore de alguien o viceversa) y la extraño un poco aunque no sea felicidad. Todavía recuerdo a mi ex esposa y llevo muchos días recordando a mi suegro como en flash informativo, de pronto me viene su imágen como en fotografías o postales. Espero que todo ande bien por mi antigua casa.
Tengo cosas pendientes, supongo que cuando salga lo del departamento, al tener donde ensayar con Regi podremos retomar la idea del trabajo que queríamos hacer juntas, ejercicio humorístico vivencial. De sobrevivencia a veces.
(Suspiro) Pucha, este desánimo...
Para eso me voy a escuchar cuentos. La tradición oral, la madre tierra contándonos historias que por un momento me saquen de la tristeza que me ha dejado mi pequeña oficina, en el pequeño distrito donde viviré muy pronto, con mi cariño chiquito, mi cariño grande, mis recuerdos, los niños que ya no veo, la mascota que aún no decido y esa mujer que me hace pensar: "Si te vi no me acuerdo"

jueves, 19 de noviembre de 2009