
Esta tarde estuve en Llacanora, mi labor era invitar a participar en el bus a un grupo de más de cuarenta mujeres pertenecientes a un taller de tejido; me impresionó la agradable comunión entre mujeres desde los catorce hasta los sesenta años. Todas me escucharon muy atentas, se rieron de mis bromas y quedaron (creo yo) lo suficientemente motivadas para participar de nuestras capacitaciones.
Pero conseguir eso no fue lo mejor del día.
A mi lado estaban dos hilanderas, eran las únicas en esa actividad porque las otras tejían a crochet o con palillos; hacían la excepción una señora muy mayor y una treintañera. No deje de observarlas, atenta y "culilla" como soy, se me ocurrió pedirles que me enseñen a hilar. Cosa que generó el divertimento colectivo. La mucha fé a mis habilidades con los dedos se vio destruida cuando a los cinco segundos de iniciar mi proceso de hilado éste se rompió.
La forma como se fue desfigurando mi expresión cuando vi que descontinué mal el hilado que tan parejito y lindo le salía a la señora, causó más risas aún. Escribo esto y no puedo dejar de sonreír. Por supuesto que la señora en dos patadas solucionó mi torpeza, para mi alivio claro.
Sé que Freddy tomó unas fotografías del momento compartido con las señoras. Si las consigo prometo colgarlas en esta entrada.
Siguen pasando cosas buenas. Hasta mañana claro, que es día de los muertos y Cajamarca entera tiene la costumbre de ir al cementerio y recordar a los que ya no estan. Lo que me lleva a altísimos niveles de alarma por el bus, no sé a quién podré subir. ¿Será que los muertos querrán capacitarse y tener un acercamiento a internet?. Espero que sí, al menos para no quedarme con el bus vacío.
1 comentario:
Nótese a la señora de quien arruiné el hilado en la foto, es la del ponchito turquesa. Es que no ví el detalle que tenía que sujetar como ella la champita de pelo de oveja. En fin...
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